Un poco más al norte, encontrando un SUR…

por Karla Lara

Entre el 4 y el 12 de Agosto, apenas la semana pasada, tuve de nuevo la oportunidad de viajar al norte, está vez al suroeste de Canadá, Vancouver, B.C., y Olympia, Washington en el noroeste de Estados Unidos. En este lapso, tuvimos dos Conciertos, una Conferencia de Prensa, varias entrevistas radiales, reuniones con grupos de mujeres de la solidaridad, presentamos la película documental de Katia Lara, “Quién dijo Miedo”, todas las actividades para la difusión de lo que sucede en Honduras y los avances del Frente Nacional de Resistencia Popular, FNRP, participando desde mi pertenencia a Artistas y Feministas en Resistencia.

Las actividades en ambas ciudades fueron organizadas por el  Comité de Solidaridad con el Pueblo de Honduras en Vancouver, B.C., y contaron con el apoyo solidario de Latino Soy, un legendario programa de radio que dirige el chileno Eduardo Olivares, y muchas otras organizaciones políticas y de solidaridad del resto de países centroamericanos, sobre todo salvadoreñas, por un vínculo anterior y pertenencia en los 80´s al grupo musical de éste país, Cutumay Camones, que hacía solidaridad y difusión sobre la lucha de liberación de la Patria Chiquita Mía.

Vancouver es una ciudad grandota, con todas las características de esas metrópolis marcadas por la diversidad de las miles de gentes de otros pueblos que las habitan, en el caso de Vancouver, me atrevo a decir que vi más ojos rasgados y escuché chino que ojos azules e inglés. Los chinos, como en otras partes del mundo, son los dueños del comercio, de buena parte de los servicios, así que traje un par de suvenires rojo y blanco de la bandera canadiense, con un rotulito pequeño que dice “Made in China”.

En Vancouver, para contarles lo que más rescato, tuvimos una reunión de mujeres de los diferentes comités de solidaridad con América Latina, es decir mujeres chilenas, ticas, guatemaltecas, salvadoreñas, mexicanas, haitianas, canadienses, de otras partes del mundo y hondureñas, con la idea de formar un grupo de Feministas en Resistencia en Canadá por América Latina. Eso solo confirma la necesidad de agremiarnos alrededor de nuestras propias agendas como mujeres deseosas de aprender sobre feminismo, compatibilizándolas con las otras que son de interés general. No es en vano que las Feministas en Resistencia en Honduras digamos a coro, junto a muchas mujeres y hombres del mundo, “NI GOLPES DE ESTADOS, NI GOLPES A LAS MUJERES”.

La característica fundamental de la historia de estos movimientos de solidaridad es que han venido trabajando, recaudando fondos, socializando la información sobre los procesos de los países con quienes se hermanan en su lucha, a través de actividades sociales en las que se comparte la información política y cultural, a través no solo del arte, sino de sus comidas. La nostalgia convoca siempre, y entonces para la gente en lejanía, son “las pupusas”, “los chacareros”, “las baleadas”, “los tamalitos”, “las empanadas”, “la sopa de mondongo”, alrededor de lo cual se discute y se recauda.

De más está decir que quienes movemos esta actividad somos las mujeres, somos nosotras las que compramos los materiales, los cocinamos, los repartimos, los vendemos, nosotras “atrás” procurándolo todo, “invisibilizadas” siempre. No faltan los compañeros varones que hacen comentarios sobre su añejado discurso, y entonces conclusiones sobre ser políticamente correctos e ideológicamente puros, dejan sin escena de nuevo a las mujeres. Nosotras procuramos el ingreso pero no tenemos acceso al curul, mucho menos a la foto de quienes persiguen construir sus imágenes y engrandecer sus perfiles políticos a través de estas actividades, que increíblemente soportan financieramente, en buena parte, los procesos internos de los países con quienes se hermanan.

Solo buscamos la equidad que nos corresponde; yo escuché a esas mujeres hablar, preguntar, saber, conocer, cuestionar, resolver y me parecen política e ideológicamente hermosas y correctas, tanto como muchos de los compañeros varones que vi o volví a ver, después de muchos años, como Jesús de El Salvador, como conocer a Elsa del FMLN, Wilson de CODESES, Rosa Calvo, eterna luchadora, o Karen de Haití, paciente y amorosa mujer que nos recordó que las mujeres, de todo el mundo, negras y blancas, las pobres del norte como las pobres del sur, todas estamos cruzadas por la discriminación por el simple hecho de ser mujeres y por la violencia que se nos ejerce, por ser mujeres.

Vancouver es una ciudad grandota, con un “sky tren” en el que se ve desde arriba avenidas modernas, edificios coloricos y grandes, en la estación en la que me bajé de ese tren aéreo miré hacia los lados y les juro que parecía una imagen de “Los Supersónicos”, recuerdan esa serie?, las que tenemos más de quince nos acordamos de esa familia del futuro, contrastaban mis ojos esa vista que pequeña me pareció correspondería solo a una imagen televisiva con una calle que había visto en la misma ciudad una hora antes. Una en la que las drogadictas y drogadictos deambulan, donde el sistema en su afán de palear sus males, ofrece jeringas sin uso previo para evitar contagios de enfermedades terminales, y donde las señoras y señores que buscan consuelo conforman sus almas y compran visa al cielo, regalando colchas y bebidas calientes a la población en desamparo que en tan grande urbe, irrumpe, crece y deja ver claramente la decadencia de un sistema vacío e inequitativo.

En Vancouver, como en Tegucigalpa, quienes mal gobiernan persiguen a quienes pensamos diferente, se revisa el equipaje y se interroga a sus visitantes como si fuésemos delincuentes, a quienes portamos en nuestras maletas “material subversivo”, es decir camisetas y mantas con las insignias del FNRP y se nos pregunta si ¿es legal este movimiento en nuestro país?, yo solo pude responder que ilegales son quienes llegaron con elecciones espurias y quienes como el Gobierno de Canadá que ya reconoció a éste régimen usurpador y continuista del golpe, hablan de una “reconciliación” que no existirá mientras nos sigan asesinando por pensar diferente. Debe ser por eso que, sin avisarme, me fueron confiscados en las Oficinas de Inmigración del Aeropuerto de Vancouver luego de un interrogatorio de más de una hora, 12 ejemplares del libro “Tierras del Nunca Más” que publicó recientemente Artistas en Resistencia.

En el norte como el sur,  la gente cansada de que los extremos sean tan insultantemente grandes, la gente cansada de votar para que los políticos de oficio lleguen y no cumplan ninguna de sus promesas, la gente común y corriente, como ustedes que leen y yo que escribo, la gente que ha sobrevivido en resistencia al abandono del sistema, busca y construye un SUR.

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